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el barrio en el que trabajo
A
quí nací; bueno, no exactamente en medio de la plaza, qué va. A mi madre tuvieron que llevarla a toda prisa al hospital. A pesar de que era verano caían chuzos de punta (quizás un presagio), y cuando terminó de dar a luz, estaba exhausta. Pesaba casi cinco kilos y medio y las enfermeras me paseaban por todo el hospital para regocijo de mi padre e inquietud de mi madre, no le fueran a dar el cambiazo. A uno de los lados de la plaza está la que era mi casa, donde aún vive mi madre; justo enfrente se encuentra la iglesia en la que me bautizaron y en la que hice la comunión, vestido de marrón con galones de nosequé en las mangas y unos colgajos dorados en los hombros.

 
 
 
  Ésta es la cuestecita que tengo que subir todos los días para ir al trabajo. Arriba del todo está la academia La Milagrosa, aunque los milagros los hacemos los profesores. La mayoría de los días subo la cuesta andando pero, cuando pega el terral, qué quieres que te diga, no dan ganas de subir a pie así que cojo el coche y luego me peleo con todos los demonios habidos y por haber para encontrar aparcamiento. Eso si el Panda quiere arrancar, que el señorito es muy tiquismiquis para esas cosas.
 
 
 
 
Y ésta es la clase en la que desparramo mis conocimientos para que caigan en terreno baldío. Como se puede observar, el aula posee todos los aditamentos y modernidades que la tecnología puede ofrecer a un profesor; vamos, todo un despliegue de medios. Es que el pobre director de la academia se sacrifica tanto por sus alumnos que es capaz de no llenarle el depósito a su Mercedes con tal de comprar tizas. Hay que correr la voz por el barrio y pedir firmas para que lo canonicen en vida.
 
 
 
 
En ese hormiguero vivo yo. Como se puede observar, el barrio es toda una zona residencial con grandes zonas verdes,  pequeños bloques de vecinos, grandes espacios... lo ideal, vamos. Uy, aquí no se aprecia, pero casi se puede ver mi Panda. En el último momento he decidido no sacarlo, más que nada por no pasar fatigas dentro de unos años, cuando me pregunten que por qué tengo una foto guardada de un montón de chatarra amarilla.
 
 
 
Cuando el Dedos y yo salimos de marcha nos metemos por unas calles que... Pero qué quieres que te diga, uno va donde hay ambiente, por muy a meados que huela la calle y muy desconchadas que estén las paredes. La verdad es que el centro de la ciudad está bastante... digamos dejado de la mano de Dios; no quiero ser mal pensado pero lo mismo están esperando a que las casas se caigan a cachos para edificar preciosos dúplex y áticos de ensueño. Llámame desconfiado...