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Odón Camuñas  Presidente de mi comunidad de vecinos, es alto y delgado, y la calvicie le está ganando la carrera a las canas; de aquí a poco no le va a quedar pelo con la oportunidad de blanquearse. Es un tipo que se las quiere dar de amable, pero tiene un sentido del humor... como decirlo... vamos, que no tiene sentido del humor. Cualquier frase que salga de su boca, aunque la intención sea la de agradar, es tan placentera como mi aliento recién levantado después de una noche de rones y ginebras. Para colmo de males, el tipo en cuestión se las da de cerebrito, y no deja pasar la oportunidad de demostrarlo; a mí me tiene la cabeza como un bombo con sus jueguecitos de inteligencia, sus puzzles y la puñetera madre que lo parió. Cualquier dia bajo y le pego con el título de la carrera en las sienes hasta que tenga que usar coletero.
Remedios del Valle Es la esposa de Odón Camuñas. Beata, fiel asistente a misa, es de esas mujeres que se sabe tooooooooooodas las oraciones, salmos y demás folkclore eclesiástico. Me mira como si estuviera delante de una bolsa de pescado podrido, como si yo le hubiera hecho algo; eso le pasa por hacer caso de los rumores que circulan de mí por las tiendas del barrio. Malditas tenderas, que son todas unas despellejadoras profesionales.
A pesar de todo, esta mujer tiene algo especial: a pesar de ir siempre muy recatadita y muy tapadita, la macicez le sale por todas partes. Está para partir un colchón de látex, de plumas o de hormigón armado, da igual, lo importante es partir el colchón, y si me apuran, el somier y lo que haga falta. Qué lastima, si no me mirara tan mal... María del Pilar Queridos amigos, lamentablemente, y a pesar de que ya existe ese aparatito que conocemos como portero automático, en mi bloque aún tenemos portera, que para más inri es también mi casera. Doña María del Pilar es viuda de guerra, grande y oronda, siempre embutida en unos vestidos que dañan las retinas, con su redecilla y sus rulos en el pelo, no sé exactamente para qué, porque lo que no tiene arreglo no tiene arreglo.
Doña María del Pilar es maestra en atrapar a repartidores de publicidad, vocera mayor de chismes y rumores, conocedora de lo que sucede detrás de cada puerta de cada casa, y poseedora de un increible sentido del oido, que me impide escabullirme a sus espaldas para evitar hablar de asuntos tan triviales y banales como los meses que le debo de alquiler.
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